Pinceladas desde cabronía

EDITORIAL
© Juanca Romero H.

Se aproximan fechas en las que debe reinar la concordia, la paz y la armonía, aunque sea por mantener la tradición navideña en la que los puñales se guardan para mejor ocasión. En la misma mesa, adornada por infinitas viandas y manteles temáticos, se sentarán suegras y yernos, cuñadísimos y algún otro espécimen de verborrea incontenida. En la misma mesa podremos encontrar a rojos y azules, a rastafaris y rasurados, a fachas y dictadores resucitados. Y es que sólo la Navidad logra llevar al grado superlativo el significado y sentido de la palabra hipocresía.

Vamos a finalizar el año con un saco lleno de incertidumbres; el estado español sin gobierno, las cosas del cambio climático en manos de todos y nadie, alcaldillos madroñeros de poca masa gris, fascistas reverdecidos cual flor sepulturera, comunistas empoderados, reyes innecesarios, niños protestones y anormales tónicas presentadas como la más normal de las tónicas.

Se va una mierda de año dirían algunos, aunque esta es una afirmación que no puedo compartir. Este 2019 ha sido completito a poco que rasquemos en nuestra memoria. Hemos jugado a la democracia, papeletas en mano y desfilando una y otra vez a llenar urnas de propósitos y millonarios sueldos públicos. Sacaron el corrupto, putrefacto y esquelético cadáver del dictador bajito con voz de pito, le dieron un paseo en helicóptero y lo tiraron en otro hoyo mientras de fondo se escuchaban fascistoides cánticos castrati berreados cara al sol.

Este 2019 quiere despedirse dejando a un gigoló de la política disfrazado de presidente en funciones, viéndose devorado por su propio ego y desmedida ambición. Los fabricantes de buenos colchones se frotan las manos, sabedores que la previsible plaga de chinches y piojos colchoneros harán que el ir y venir a Moncloa sea prioridad en el cercano nuevo año, aunque todo dependerá de los pactos y lo escorado que estos sean. Y al salir a la calle, esperando ver a los Reyes Magos, es muy posible que nos encontremos en su lugar a una bastarda troupe de catetos asesinos de toros que juegan a políticos, con marrana dialéctica y mensajes de odio desmedido. Y desfilando también nos encontraremos a caciques que en Canarias presumen de nacionalistas y en Madrid afilan sus lenguas para adaptarlas a culos bien posicionados. Y es que todos ellos y todas ellas exclaman con la llegada de la Navidad, ¡que bien se vive del Estado!

2019 se quiere despedir llamando la atención, dejándonos bonitas instantáneas de comunistas contando chistes a fascistas, de un impresentable Gran Maestro Masón tomando café con el heredero del dictador, de hospitales prometidos convertidos en vertederos insulares. Este año se despide dejando imágenes de asesinos de mujeres y criminales en la calle, de golfos subvencionados y estudiantes sin salida y de viaje.

Ahora los supermercados se llenan de compradores de turrones, langostinos y fino fiambre, que a partir del 7 de enero ya tendremos tiempo de acordarnos de la cuenta corriente y de nuestra hambre. Todos a salir a la calle, que las luces ya las han puesto los alcaldes, y que no escuche yo que alguien exclama ¡en esta mierda se gastan mis perras los impresentables!

Déjeme amigo lector, que ahora y no más tarde, le desee una Felices Fiestas y un puñado de billetes de los buenos, no de los políticamente falsificables.

¿Vamos a por el 2020?

¡Claro que sí!, no nos queda otra.

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