Martes, 18 Agosto 2015

El abuelo de Teror, Juan Hernández, fallece a los 100 años de edad

  CP Sucesos
Valora este artículo
(0 votos)

CP Redacción Teror _

El abuelo de Teror, Juan Jesús Hernández Rivero, falleció este domingo 16 de agosto tras haber celebrado recientemente sus 100 años. El centenario vecino de Arbejales era el único hombre en el municipio que superaba el siglo de vida, ya que las otras tres personas centenarias son mujeres. Desde el Ayuntamiento se ha transmitido a la familia de Juan Hernández sus condolencias. El entierro tiene lugar hoy lunes a las 18:30 horas en el Cementerio de Arbejales.

El pasado 17 de julio, la alcaldesa de Teror, Isabel Guerra, acompañada de los concejales José Luis Báez, Sergio Nuez y Chicha González, realizaron al centenario vecino una visita de felicitación con motivo de tan importante efeméride, acompañado de su familia.

 

Con sus 100 años de edad Juan Hernández mantenía en la memoria casi toda la historia del siglo XX y parte del XXI, pasando por la guerra y la emigración. Juan pertenecía a la generación de emigrantes terorenses que marchó a las Américas para labrarse un futuro mejor. En 1955 tomó rumbo a Venezuela desde San Isidro. Con lo poco ahorrado en los años duros de trabajo en la agricultura y la construcción,  cogió el barco dejando atrás a su familia, ya que su mujer se resistía a abandonar la tierra natal. Cinco años antes, en 1950, había contraído matrimonio con  Martina Déniz, con quien tuvo en ese tiempo a sus dos hijas. Hoy tiene además 6 nietos y 5 bisnietos.

 

El destino le llevó hasta San Antonio y La Guayra (Venezuela), donde la vida no fue tan fácil como esperaba. Primero trabajó en empleos temporales hasta que arrendó una gran finca de hortalizas para su explotación y finalmente montó una lavandería. Juan pasó 20 años fuera de su tierra y en 1975, cuando Venezuela dejaba de ser el sueño dorado de los emigrantes, regresó a su Teror natal para reencontrarse con su mujer y sus hijas, y un pais que se incorporaba a la democracia. Los ahorros que había hecho en ese tiempo los invirtió en comprar tierras y tener su propia casa.

 

Además de superar los duros años de emigrante, Juan sobrevivió también a uno de los momentos más trágicos de la historia reciente de España: la guerra civil. Desde 1936 a 1939 asistió en directo a la guerra fraticida, primero en Gran Canaria cavando trincheras y posteriormente en Soria y Burgos, donde permaneció tres años jugándose la vida. Finalizada la guerra, tuvo que servir dos años más, hasta que volvió a la vida civil y pudo forma una familia. Juan recuerda ahora con emoción esos momentos, pero disfruta del calor que le dan sus seis nietos y cuatro bisnietos, con la añoranza de que no pudo estar tan cerca de sus hijas siendo pequeñas.