Martes, 31 Enero 2017

LA ENVIDIA

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Luisa Chico

LuisaChico PicHoy parece que no hace mucho frío. Es la tarde ideal para sentarme en mi orilla y reflexionar sobre algo que me ronda la cabeza estos días: la envidia.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la envidia es:

1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno.

2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

A veces pienso que yo debo ser un bicho raro, puesto que hay muchos sentimientos que no han aparecido en mi interior a lo largo de mi ya dilatada vida, entre ellos se encuentra la envidia, el tema que ocupa hoy mi cabeza.

Muchas veces me he preguntado por qué tanta gente siente envidia de algo o alguien a lo largo de su vida, por no nombrar a los envidiosos adictos a ese sentimiento que parecen envidiar todo lo que les rodea. ¿Qué satisfacción o que beneficio puede dar dicho sentimiento? Partiendo de la base de que es un sentimiento podríamos decir que no es algo que ellos puedan controlar, envidian y… listo.

Rebuscando en el baúl de mis recuerdos he tratado de traer a mi memoria algún momento en que haya sentido algo así. No ha sido fácil repasar más de 60 años de vida y vivencias. Y a fuerza de rebuscar he encontrado algunas cosillas que se podrían llamar «envidias», lo cual me ha dejado más tranquila porque al parecer no soy tan bicho raro.

¿Se puede llamar envidia a esa especie de frustración que siento, cuando escucho cantar con voces armoniosas esos temas que yo quisiera poder entonar y mi garganta no consigue hacer sonar gratamente?

¿Es envidia quizás lo que siento cuando me extasío ante un cuadro que yo nunca tendré la pericia de poder pintar dadas mis circunstancias?

¿Llamaríamos envidia el que un texto me deje sin aliento y piense que nunca podré escribir así?

¿Soy envidiosa por no saber tocar un instrumento musical como hacen tantos cantautores y poder poner así música a mis versos?

Si todo eso es ser envidioso, yo lo soy (gracias a Dios).

Pero nunca he sentido envidia de una mujer bella, de un bolso caro, de una ropa que le pueda sentar como un guante a alguien, de una silueta bien moldeada, de una cartera repleta, de un puesto de trabajo reconocido y bien remunerado, de alguien famoso, de alguien feliz… Al contrario, normalmente me alegro mucho por las personas que son felices con todo eso y tantas otras cosas como la que quizá más envidia me podría hacer sentir, el amor. En el fondo creo que eso es una forma de egoísmo por mi parte, si me rodeo de gente feliz yo también lo seré.

Y finalizando esta reflexión me llega a la mente un sentimiento de rechazo por toda esa gente que, cegados por la envidia, hacen daño alrededor sin pararse a pensar cuanto más ganarían si canalizaran sus sentimientos en pos de la armonía y en mejorar por sí mismos.

Pienso en ellos como personas de vidas aburridas, sin emociones, vacías de todo lo bello que la vida nos da cada día. Personas que necesitan proyectar esa envidia en los demás al mismo tiempo que se quedan paralizados en la ponzoña de sus pensamientos, auto compadeciéndose  por no poder ser o tener lo que envidian, en lugar de poner los medios para conseguirlo si tan felices les hace poseerlo. Seguro que, al menos intentarlo, resultaría más gratificante que revolcarse día tras día en un sentimiento que nada bueno puede aportarles.

Yo, de momento, canto en la ducha, doy rienda suelta a mis pinceles, leo y escribo cada día y hasta tamborileo alguna melodía que acompañe a mis versos. Hacerlo me hace sentir mejor conmigo misma y con el mundo. ¿Por qué no pruebas?

Modificado por última vez en Martes, 31 Enero 2017 21:39