Martes, 10 Enero 2017

RESACA NAVIDEÑA

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Luisa Chico

 

LuisaChico PicEn la resaca de unas fiestas que parecían interminables me siento en mi orilla, con tranquilidad, a absorber la esencia de estos primeros días de enero. Un enero que está resultando tan variable en la estabilidad atmosférica que trae de cabeza a todo el mundo, a unos porque no terminan de quitarse de arriba esa pesada gripe que les hace moquear, lagrimear y toser; a otros porque sus pulmones se resisten a seguir respirando el polvo en aspersión y tosen también. En fin, que a los remordimientos por haberse gastado lo que no está escrito en los papeles en los días recién vividos, se une la dificultad para respirar. ¡Pésima cuesta de enero nos espera!

Mientras los ecos de las campanas navideñas se van perdiendo entre las brumas de la memoria del pasado reciente, otros ecos se van acercando al ritmo de los sonidos comparseros, el carnaval ya está ahí, y con él la emoción de muchos y el pesar de otros tantos, el de aquellos que tienen que irse de Santa Cruz para poder vivir en los días que se avecinan. Pero quedémonos con la parte positiva del Carnaval, esa en la que tantas familias hacen su «zafra» particular con unos ingresos extra que les permite afrontar el nuevo año con holgura: diseñadores, modistas, músicos, vendedores ambulantes y largo etcétera que hace que el jolgorio de esas fiestas sea productivo y, en algunos casos, su casi única forma de vida y sustento.

Los concursos comienzan en Santa Cruz el día 1 de febrero, lo cual dará el pistoletazo de salida a los carnavaleros, mientras lo que no lo son intentan encontrar un billete barato para «donde sea» o un apartamento medianamente económico en el sur que les permita dormir en esos días. Los menos afortunados hacen ya acopio de tapones para los oídos y valerianas que les ayuden a conciliar un sueño que saben será casi imposible. Como bien dice el refranero popular (que sabe mucho de todo) «nunca llueve a gusto de todos».

Yo soy de las que me iría de viaje si pudiera, quizá porque ya peino canas y los nuevos carnavales no me motivan nada, afortunadamente vivo en Santa Cruz pero fuera de las calles donde se desarrollarán las fiestas de don carnal con su algarabía y desmadre, su olor a orines, sus riesgos… A veces vivir en el extrarradio puede ser un privilegio y esos días son una de esas veces.

Aún y con todo, soy consciente de la ilusión y las ganas con que muchos esperan esos días, principalmente todos aquellos chicharreros que participan en alguna de las manifestaciones lúdicas con algún grupo, y lo sé porque lo he vivido desde dentro, en mi juventud fui muy, pero que muy carnavalera, incluso milite algunos años en una agrupación musical que se llamaba Martes 13. Además para alguien que le gustaba tanto el baile los carnavales eran el paraíso, y más corriendo los años 60 o 70, cuando no era tan sencillo poder bailar deshinibidamente como lo hacíamos en las verbenas carnavaleras. Yo era de las que soñaba con la llegada de los carnavales, pegada a la máquina de coser y conectada a los programas de radio que nos adelantaban acontecimientos mientras cosía uniendo hilos, telas, diseño e ilusión para confeccionar el disfraz que estrenaría, indefectiblemente, el primer sábado del carnaval de turno. Pero eso es otra historia y prometo contarla otro día. De momento toca recoger el árbol o el nacimiento, reorganizar armarios para hacer sitio a los regalos recibidos, limpiar la casa… y retomar nuestras rutinas alargando los euros que nos han quedado para intentar llegar a fin de mes con un mínimo de dignidad. ¡Qué les sea leve amigos!

Modificado por última vez en Martes, 10 Enero 2017 22:58