Miércoles, 28 Diciembre 2016

SUENAN CAMPANAS DE NAVIDAD

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Luisa Chico

LuisaChico PicSuenan campanas de Navidad y, de alguna forma, alegran nuestros corazones. Ya sé que esa alegría viene casi impuesta por la tradición que se vive en los hogares año tras año pero… es bueno sentirla, sobre todo en estos momentos en que los valores familiares parecen ir caducando y desmoronándose uno tras otro.

En torno a las mesas, quizá demasiado repletas en estos días, se reúne la familia de aquí y de allá, los que conviven todo el año y los que solo se ven en ocasiones especiales por lejanía o, a veces, por dejadez. Afuera hace frío, el padre Teide ya está nevado, sin embargo en los hogares donde las familias se reúnen hay calor, el que da el cariño incondicional, la compañía grata, la sonrisa cercana, el abrazo certero.

Las campanas de Navidad dan el pistoletazo de salida a muchos días de fiestas más o menos bullangueras y, ¿por qué no decirlo? consumistas. Derrochamos incluso los que nos propusimos ser cautos para la ocasión. Es algo que me preocupa, (imagino que será porque estoy en esa franja donde cada euro cuenta) no entiendo como caemos año tras año en lo mismo y seguimos dejándonos llevar por la espiral de un consumo que todos criticamos pero que sin embargo contribuimos a que siga adelante. Da igual si tenemos que pagar religiosamente mes a mes, durante el año por venir, cantidades que luego lloraremos al tiempo que nos sentimos como idiotas por no haber sabido frenar a tiempo, pero… seguimos gastando.

¿Realmente hay necesidad de que los menús de las comidas de Nochebuena, Navidad, Fin de año, etc. contengan media docena de platos sin contar los postres, y que el vino y demás circule como río sin mar? Para el caso solo contribuirán a que nuestros niveles vitales se descontrolen, nuestros estómagos se resientan, a que comamos de lo mismo durante tres días y a que nuestros bolsillos… lloren.

Y con las campanas que suenan a nivel de regalos en estas fechas ya no me voy a meter, ahí ya es donde las economías de aquellos hogares que no han sido bendecidas con una abundancia monetaria abultada caen en picado.

Las campanas de Navidad no suenan solo en los villancicos, en las iglesias y catedrales, desde cada escaparate o medio de comunicación llaman al derroche para sostener un sistema caduco que debería cambiar desde la base si no queremos que este planeta se resienta aún más de lo que ya está.

Sociedad, consumo, hipocresía y derroche son las palabras clave en estos días, aunque la mayoría lo camuflemos con buenos deseos de paz y concordia, que no dudo que aniden también en los corazones de esos seres convulsos que corren de acá para allá tropezando sin casi darse cuenta en los centros comerciales, al final serán compensados por la glotonería de sus seres queridos cuando brinden por enésima vez en una cena o al ver su nerviosismo al abrir los regalos que tantos quebraderos de cabeza les han proporcionado en estos días.

Vamos a quedarnos pues con ese nerviosismo, esa sonrisa y brindemos por seguir vivos y poder compartir una Navidad más con nuestros seres queridos, que cada cual la viva como más feliz le haga. ¡Felices Fiestas!

 

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Modificado por última vez en Martes, 27 Diciembre 2016 21:06