Martes, 20 Diciembre 2016

NO ME GUSTA LA NAVIDAD

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Luisa Chico

 

LuisaChico PicNo me gusta la Navidad. Lo confieso sin ambages y públicamente por primera vez en mi vida.

Para mí la Navidad es tiempo de consumo y derroche. El tiempo en que las diferencias entre los seres humanos se marcan aún más, si ello fuera posible. El tiempo en que se hacen sobreesfuerzos que pasan factura a las familias durante todo el año. El tiempo donde la hipocresía se alza triunfante. El tiempo donde más me duelen especialmente los pobres, los sin casa, los desahuciados, los solitarios, los abandonados, y me duele hasta tal punto que siempre me ha impedido poder disfrutarla con los míos, cuando ha habido algo que disfrutar.

Hace años, cuando había niños pequeños en casa, quizá las cosas fueron un tanto diferentes, su ilusión por la Navidad y su alegría cubría de una ligera capa multicolor y brillante todo aquello que no me gustaba y conseguía olvidarlo a ratos haciendo como todos, obviaba mirar a los mendigos tirados en las aceras, cuando cruzaba rauda de una tienda a otra intentando convertir en elásticas las escasas monedas que yo tenía para gastar en esos días y poder contentar a toda la familia comprando a mis hijos los regalos que sabía les haría ilusión, y gastando lo menos posible para contentar también a mi marido.

En cuanto pasaba el verano ya mi cabeza se ponía en «modo Navidad» y mes a mes iba dando tumbos por las tiendas comprando y guardando. No quería que a mis hijos les faltase de nada en contraposición a lo que había sido mi vida a su edad. Craso error que no supe reconocer en su momento. En mi descarga diré que así me habían educado y era muy joven por entonces.

Aún y con todo yo vivía esos meses en una ansiedad continua que mi marido poco ayudaba a paliar con sus «recomendaciones».

Con el tiempo llegó la tan manida crisis y ese estado de ansiedad aumentó si ello era aún posible. Ya no podía comprarles lo que me habría gustado y eso generaba en mí un sentimiento de culpa año tras año. Al final los regalos de Navidad fueron desapareciendo de mi casa y con ellos lo poquito que me podría hacer ilusión de esas fechas.

El paso del tiempo trajeron también pérdidas irreparables que parecen hacerse todavía más presentes en esos días. La familia se dispersó y hubo que ponerse a la cola de las prioridades a la hora de compartir alguna comida navideña. Si a todo este cúmulo de sentimientos negativos le unimos que en invierno mis achaques no me dejan en paz ni un segundo ya comprenderás, querido lector, que me agobie el solo hecho de ver llegar diciembre.

Así que por estas fechas dejo de mirar afuera y procuro no relacionarme mucho con la gente para no transmitirles mi apatía por esas fiestas que a todos (aparentemente) les llena de felicidad y alegría, porque yo no consigo que los farolillos iluminados de las calles me arranquen una sonrisa, no me ilusiona ir a ver los belenes, no salgo de compras, no preparo menús deliciosos para esos días y hasta han llegado a molestarme los villancicos, por consiguiente me siento como un perro verde entre los demás y me refugio en mi burbuja.

Aún así hoy he querido sentarme en mi orilla virtual para escribir algo sobre la Navidad, siento que no esté en la línea de mis reflexiones positivas pero… me niego a ser hipócrita con algo que no soporto y de lo que toca hablar en estos días. Definitivamente… no me gusta la Navidad.

Modificado por última vez en Martes, 20 Diciembre 2016 22:27